Rosácea: el enrojecimiento facial indeseado.

A pesar de que la causa de esta patología es desconocida, el estrés y la ansiedad son algunos de los factores que pueden desencadenarla.

Ruborizarse y sentir que se está colorado en una situación social es un síntoma que varios han experimentado. Sin embargo, cuando esto sucede frecuentemente y dura más de unos minutos se puede hablar de rosácea, una enfermedad crónica que afecta la piel del rostro.

Las personas con esta patología tienen un enrojecimiento permanente (eritema facial), que habitualmente dura más de tres meses. A esto se suman episodios en los que se ponen aún más rojos (rubefacción), los que se prolongan por periodos superiores a 10 minutos.Esta enfermedad consiste en una dilatación de los vasos sanguíneos en esa zona y se caracteriza por la aparición de enrojecimiento de la piel transitorio o fijo, telangiectasias o ‘arañas vasculares’, y pápulas y pústulas (espinillas) en el centro de la cara. En ocasiones, el paciente experimenta prurito (picazón), quemazón o descamación.

¿Qué gatilla la rosácea?

Si bien no se conoce la causa exacta de esta enfermedad dermatológica crónica, su aparición está relacionada con una serie de factores, por ejemplo, es más común en mujeres de piel blanca y ojos claros, aunque puede afectar a todas las razas.

El estrés y la ansiedad son conocidos gatillantes de la rosácea. Además, se asocia con trastornos de la reactividad vascular y con la respuesta inmunológica frente a microorganismos como Demodex folliculorum, un ácaro de la flora normal de la piel de la cara que prolifera más en estos pacientes.

A pesar de que esta enfermedad dermatológica no se hereda, sí puede existir una predisposición genética a desarrollarla. Por ello, se advierte que es importante cuidarse de una serie de factores externos que producen la aparición de la enfermedad o la agravan:

  • Clima: calor, frío, sol y viento intenso.
  • Productos cosméticos: especialmente los que contienen alcohol o acetona.
  • Alimentos: líquidos calientes como café, té y comidas o condimentos picantes como el ají.
  • Ejercicio intenso, como levantar cargas pesadas.
  • Alta exposición al sol o acudir con frecuencia a saunas o solárium.

Tratamientos disponibles

Si bien la rosácea es una afección inofensiva, muchos de los que la padecen buscan tratamiento principalmente por motivos estéticos.

A pesar de que no existe una cura total para la rosácea, sí hay múltiples tratamientos disponibles. “En los casos más leves, se utilizan agentes tópicos. En las rosáceas inflamatorias (papulopustular) se recetan antibióticos sistémicos derivados de las tetraciclinas, y en las manifestaciones más rebeldes a los tratamientos ya nombrados, se suma el fármaco isotretinoina oral